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Crochet de vocación, y maestra de profesión. Sara es toda una caja de sorpresas

Crochet de vocación, y maestra de profesión. Sara es toda una caja de sorpresas

Crochet o ganchillo, para ser más locales. Aunque ella no nos lo haya dicho, para nosotras Sara es una experta crochetera. Investigó, probó, perfeccionó la técnica. Incluso, se buscó las artimañas para aprender a hacer crochet siendo zurda. No os podéis perder la historia de esta bilbaína (aunque madrileña de acogida). Pedagoga y maestra de primaria, su pasión verdadera es el mundo del ganchillo. Compagina su proyecto con sus peques de 4, 2 y 4 meses. Y a sus 31 años lo tiene claro, sus prioridades son su familia y ser feliz. ¡Y eso nos encanta!

 

 

P: Háblanos un poco sobre ti. ¿Cómo te definirías?

Me defino como una persona cercana y comprensiva. Estos años de maternidad me han hecho aprender a aceptar, y están suponiendo un trabajo emocional enorme. Creo que gracias a eso me he vuelto más flexible y menos exigente cuando la perfección se convierte en un problema en lugar de un beneficio.

P: Háblanos de tus creaciones. ¿A qué dedicas tu tiempo? ¿Cuál es tu marca?

En realidad me dedico a tiempo completo a ser ama de casa. Tengo niños muy pequeños, y quiero estar ahí en su crianza. Pero ellos me inspiraron a la hora de decantarme por mis creaciones. Hago alfombras de trapillo en sarasolasoria.es . Cuando las vi en Instagram, me encantaron, y pensé que eran algo perfecto para que mis hijos pudieran estar jugando por la casa. Además, estoy experimentando que es algo mágico. Porque me ven tejerlas (usando la técnica de ganchillo o crochet), me ayudan en el proceso, ven el resultado y me dan un feedback muy positivo.

Es un trabajo en equipo que les ayuda a comprender el valor de las cosas. No ven que las alfombras aparecen en casa y están ahí para ser cualquier cosa, sino que saben que las ha hecho su madre y se paran a observarlas nudo a nudo. Creo que a través de ellas tenemos una conexión maravillosa, y eso mismo me sucede con cada persona que me encarga una alfombra. La mayoría de mis clientes son madres y padres que van a tener un bebé, y quieren una alfombra especial para decorar y que además sea perfecta para poner a sus hijos en el suelo. Y estas lo son. Son redondas, sin esquinas o límites marcados para que puedan explorar “el arte de no tener esquinas”. Es curioso porque los que tienen hijos más mayores me comentan cómo sus hijos pasan horas mirando cómo están hechas. Es como si quisieran descubrir los secretos que esconden las circunferencias, jaja

P: ¿Siempre te has dedicado a ello? ¿Cómo te lanzaste a ser artesana? ¿Qué te motivó?

Llevo un par de años dedicándome a ello. Empecé mirando en Instagram y Pinterest a mucha gente que las hacía, y me pareció una idea genial. Así que como todo en esta vida, me fui a una tienda, compré cuatro cosas básicas para comenzar y me dediqué varios meses a investigar, repetir y perfeccionar mi técnica. Me lancé a ser artesana cuando vi que a muchas amistades les gustaba mi trabajo, y me decían que podría dedicarme a venderlas. Al final era mi hobby, mi momento de relajación tras pasarme los días limpiando, cocinando y criando… así que se convirtió en una forma de rentabilizar esos momentos.

P: ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser “tu propio jefe”?

Lo mejor es que me exijo en la medida de mis posibilidades. Conozco mis prioridades (mi familia y ser feliz), y si esto no me lleva a ellas, no lo antepongo a las otras actividades de mi día a día. Pero lo bueno es que me suele acercar mucho a mis hijos porque compartimos actividad (van deshaciendo los ovillos mientras hago crochet), y como me relaja, me siento feliz haciendo alfombras. Así que soy una jefa muy light, porque miro poco los términos económicos…

P: ¿Cómo aprendiste a desarrollar tu técnica? ¿Cómo es tu espacio creativo? ¿Dónde encuentras la inspiración?

Mi día a día es muy normal. Hago las labores del hogar y luego me distribuyo los tiempos según la carga de trabajo que tenga. En cuanto a la técnica, aprendí de una manera muy curiosa. Soy zurda, y no encontraba por ningún lado un tutorial de crochet para zurdos. Seguramente los haya, pero no había forma de aprender a hacer alfombras redondas como zurda que soy. Así que aprendía con el efecto espejo. Es curioso, pero los zurdos “de nuestra época” (cuando no había tijeras para zurdos y cosas de esas) aprendimos a ser buenos imitadores en espejo, y eso nos ayuda a adaptarnos muy bien, además de fomentar nuestra visión espacial 😉

Mi espacio creativo es mi salón. En él encuentro muchas cosas que me inspiran, y está pegado a mi jardín, que es lo que más me inspira. En resumen, me inspira la naturaleza y su perfecta imperfección.

P: ¿Qué procesos sigues? ¿Qué materiales utilizas? ¿Cuánto tiempo inviertes en cada producto?

Utilizo trapillo, un material obtenido de las telas que sobran en la industria textil. Cuando hacen las camisetas y otras ropas, cortan telas que luego tienen muchos sobrantes. De ahí sale el trapillo, así que diría que es ecológico. Pero no al 100%, puesto que el que uso es comprado, y viene de prendas de ropa nuevas. El que diría que sí es 100% ecológico es el que se usa de manera tradicional, que consiste en cortar la ropa que ya no sirve en tiras, y esas tiras se van uniendo hasta obtener un hilo de trapillo grueso y que se pueda tejer con él. Conozco gente que hace eso y me parece admirable su trabajo. Es dar un uso a los textiles hasta que se desgasten del todo. Pero no puedo hacer eso con mis alfombras, así que me conformo con el sobrante de las fábricas textiles.

En cuanto al tiempo, todo depende del diámetro de la alfombra elaborada. Puedo dedicar entre tres y dieciocho horas a una alfombra.

P: ¿Qué es lo que más te ha costado? ¿Cuáles son tus pequeños trucos confesables?

Lo que más me ha costado es darme a conocer. A veces me invade ese “síndrome del impostor” que nos invade a muchas personas en este mundo artesanal, y hace que nos sintamos mal por vender algo que consideramos que no es digno de ser vendido. Pero se me va rápido cuando pienso en la cantidad de horas, tiempo y dinero que le he dedicado al crochet. A veces creo que vendo algo que cualquiera podría hacer. Y es verdad, cualquiera podría sentarse a aprender a tejer alfombras redondas. Pero cuando me compran a mí, compran ese tiempo que yo he dedicado y ellos no. Compran esa exclusividad (por cierto, al ser zurda las hago al revés que el resto de artesanos, lo que hace que sean más únicas aún esas alfombras). Compran una historia que ha hecho que esa alfombra llegue a su hogar (y de alguna manera nos ha conectado). Compran un valor incalculable de lo artesanal. Además, en mi página no sólo vendo yo, sino que tengo una amiga que hace unos detalles a crochet impresionantes, y es la más experta en amigurumi que he conocido jamás. Así que quien nos compra a nosotras, compra calidad y colabora con un pequeño proyecto de conciliación.

Mi truco más confesable es la relación tan buena que tengo con la mayoría de mis compradoras. Al final, cuando quieren un encargo personalizado, me cuentan su vida, sus motivos que les han llevado a comprar una alfombra mía y acabas siguiendo su trayectoria con la alfombra. Nunca había pensado en todo lo que podía dar un producto artesano “a la carta”.

P: ¿Qué consejo darías a un artesano novel?

Paciencia. Se tarda mucho tiempo en darse a conocer. Y por mucho que inviertas, la gente no te quiere comprar de la noche a la mañana. Eso lo consiguen los negocios grandes con precios muy competitivos. Pero ese no es nuestro mercado, y el que piense que sí, igual no está en el lugar acertado. Uno tiene que mostrar el valor de su trabajo, qué es lo que lo hace especial para que el cliente quiera comprarle a él a un precio muy por encima del de la industria. Mucha gente nos dice que a estos precios no vendemos, que debemos poner precios más competitivos. Imposible. Lo artesanal no es un mundo de competición, sino un mundo de exclusividad, un estilo de vida donde tienes otras prioridades más allá del mero hecho de poseer un objeto.

He comprado alfombras de Ikea a precios que no puedo poner en las mías, porque saldría perdiendo dinero. Pero porque mi objetivo con esas alfombras no era el que tengo con estas. No digo que haya que comprar o vender todo artesanal, sino que a la hora de comprar algo, el cliente debe plantearse qué valor tiene ese algo y qué espera del producto. A partir de ahí, valorar si debe ser artesanal o no.

Por eso recomiendo a los noveles que escojan bien en quién fijarse para poner precio a sus productos, y que hagan oídos sordos a quien desconozca el valor de lo artesanal y mida todo en términos económicos únicamente. Esa no es nuestra liga.

P: ¿Cuál de tus creaciones es la más importante para ti? ¡Cuéntanos alguna anécdota!

Mi alfombra María. Cuento la historia en el blog de mi web. Es algo muy, muy personal que me ha ayudado muchísimo en un proceso muy difícil de mi vida.

La anécdota más graciosa fue que algunas alfombras mías tienen nombre, y esos modelos los vendo con ese nombre. Pues una vez me compraron una alfombra “María” para una asociación de Marihuana, jajaja.

En cuanto a pedidos con cariño, recuerdo muchísimo dos que me ha hecho una amiga, que fue prácticamente la primera persona que se enamoró de mis alfombras. Me ha dado mucha fuerza y motivación. Y no es consciente de cuánto ha aportado a que yo continúe con esto

P: ¿Cómo podemos conseguir tus creaciones? ¿Se pueden personalizar?

En mi web sarasolasoria.es, o contactando conmigo directamente en Instagram @sarasolasoria

P: ¿Impartes talleres?

No. Me había planteado hacer un tutorial para zurdos, pero por ahora no lo veo factible porque no saco apenas tiempo para eso. Igual dentro de unos años vuelvo a planteármelo. Y los talleres no los imparto por el mismo motivo: porque sólo podría hacerlo para zurdos.

¡Muchas gracias por hacerme un huequito en vuestras alacenas!

Si queréis conocer más historias de artesanos con proyectos increíbles, no os perdáis la sección ¿Conoces a…? del blog

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