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Lush Spa, mi primer regalo del día de la madre

Lush Spa, mi primer regalo del día de la madre

Lush Spa, mi primer regalo del día de la madre

Lush Spa, fue el regalo elegido por mi señor maridito para mi primer día de la madre. Llevaba mucho tiempo queriendo ir a ese Spa. Soy una enamorada de los spas. Luego, es cierto, me pongo tensa cuando me dan un masaje(incongruencias…sí, lo sé). Pero la verdad es que ese momento de relax, liberarla mente y no pensar en nada más… Me basta y me sobra. Elena, de blog de belleza My Cosmetic Art ya me había hablado en alguna ocasión de él. Ella es fan de los productos Lush y, los que yo he probado bajo sus recomendaciones me han dado buen resultado. Pero es cierto que no está dentro de mis marcas habituales. Y el Spa siempre me había parecido algo caro… ¡pero si es un regalo, pues no se puede rechazar!

Pero, eso no fue todo…No soy muy de contar estas cosas a los cuatro vientos. Siempre he sido más de guardar mi intimidad. Pero esto de la maternidad me ha cambiado, ¡y mucho! Y ahora soy más de la idea de que las cosas buenas que te pasan, hay que compartirlas. Nunca sabes los vínculos nuevos que puedes crear compartiendo tus historias o las ideas que pues dar a otras personas (ejem…indirecta para otros mariditos jijiji) Así que os cuento cómo fue todo y quien quiera leerlo, pues adelante.

Mi día de la madre estuvo dividido en dos momentos: el propio día de la madre y un par de meses después cuando logré ir al spa.

El primero domingo de mayo después de darle a Lucas su debida teti a las 7 de la mañana. Mi chico lo cogió en brazos y me dijo:“¡Feliz día de la madre! Hoy, duerme. Hasta que Lucas no necesite comer de nuevo, no te llamamos”. Lucas en ese momento tenía casi dos meses. ¿Sabéis el regalazo que era poder dormir del tirón unas horas? La cama para mí sola. Silencio en la habitación. Así que me eché una cremita hidratante que tengo de Lush (sin saber qué vendría después) que ayuda a dormir bien y me abracé a la almohada. Creo que fueron las dos horas que mejor he dormido en toda mi vida jejeje

Cuando me desperté, en el otro lado de la cama había una bandeja con una campanita. Y una pequeña tarjeta que decía “Hazme sonar cuando estés despierta”. Con una sonrisa en la cara, eso hice. En seguida llegaron dos de los hombres de mi vida. Pero no venían solos. Traían unas ricas tortitas y un regalito.

Mi chico me conoce bien y sabe que estas moñadas me gustan mucho más que un regalo caro. Soy de acumular recuerdos, memorias y demás… así que claro, no se habían sentado y ya casi se me saltaban las lágrimas.

Pero lo mejor estaba por llegar. Eso sí, me hicieron comerme las tortitas antes. Y me moría de la curiosidad por saber qué había en la bolsa.

Tres tortitas con nutella y un kiwi después…¡ya podía abrir el regalo! ¡Qué emoción! Dentro había una carta escrita por “Lucas” y dos paquetitos. Decidí abrir primero el grande. Por experiencia sé, que las mejores cosas vienen en paquetes pequeños. Así que lo quería para el final. ¿Y qué había dentro de la caja? Este marco precioso de Mr.Wonderful con varias fotos para poder cambiarlas.

Y el paquete pequeño…¡ya imagináis qué era! No me hizo falta llegar a abrirlo para haberme puesto a llorar. Pero claro, ya cuando lo vi…empecé a decir que no podía aceptarlo. ¡Es mucha pasta! Pero…lo decía con la boca pequeña jijiji.

El masaje que había elegido mi chico era el de Synaesthesia, el primero con el que se había lanzado el Lush Spa. Y la verdad es que creo que era justo el masaje que necesitaba. ¿Queréis saber cómo fue la experiencia?

Hasta julio no pude ir al masaje. Si sois o habéis sido mamis primerizas, me entenderéis jajaja. El masaje dura como 80 minutos, más el tiempo de preparación porque es un masaje preparado para ti. Así que sacar 2horas totalmente libres, no es tan fácil los primeros meses. Sobretodo si estásdando el pecho. Así que, eso, que me planté en julio con mi masaje. Nos fuimoslos tres al centro aprovechando que hacía calorcito. Así podía darle el pecho aLucas justo antes de entrar y que no le liase el pollo a papá.

Cuando llegué a la tienda de Lush de la calle del Carmen, había una chica en la puerta con un ipad con mi nombre. Y justo ahí, empieza la experiencia. Te tratan como si fueses una princesa ese día. Aroa, me acompañó ala recepción del spa. El olor (que ya de por sí me encanta en la tienda) era todavía más perfecto. Las luces apagadas, y adiós al bullicio. Me dieron un poquito de agua para refrescarme mientras esperaba y Aroa empezó a contarme un poco sobre los masajes que había. Mi masajista estaba en camino y no quería queme quedase sola.

Cuando llegó mi masajista, subimos a la tercera planta. Y de repente habíamos entrado en una pequeña cabaña suiza. Madrid había desaparecido. Sólo se oía el fuego de una chimenea (que no había), olía a vegetación y se respiraba tranquilidad.

Como os decía, mi masaje era el de Synaesthesia. Pensado para dar rienda suelta a todos tus sentidos. Aquí os dejo más info. Claudia me contó que lo primero que íbamos a hacer era una pequeña entrevista para saber qué necesitaba del masaje. Como podréis imaginar, siendo mami en prácticas, lo que necesitaba era desbloquear mi mente de dudas, miedos…y poder pensar con claridad.

Una vez que se sabía qué olores debían usarse en mi masaje,Claudia se fue a prepararlo todo. Mientras, yo aproveché a cotillear el baño.¡Que poco más y no me sacan de ahí! El masaje… ¡horrible! jajajaja que no…. Fue entrar en la habitación y teletransportarme. Había vapores con la fragancia que había escogido, una ventana de madera, una decoración y un baño detrás (de decoración) que quitaba el hipo. Hice algunas fotitos, pero entre la emoción y la poca luz salieron un poco mal, así que perdonad la poca calidad.

El masaje es indescriptible…todo personalizado a tus necesidades, todo tan relajado. Aisss qué recuerdos. Se me pasaron los 80 minutos volando. Y prefiero no daros más detalles porque sé que parte de la experiencia es no saber qué te vas a encontrar.

Cuando salí, Claudia me había preparado un delicioso té y me había dejado la barra de masaje (nueva) que había utilizado, junto con una bomba de baño de la misma línea: mente despejada. Así, podría darme un chute de energía en casa si lo necesitaba.

Mi momento relax había terminado, pero salí como levitando y encantada de toda la experiencia. Además, viendo el tratamiento, los productos que te regalan y todo el jaleo en general, entiendes el precio. Y al cruzar la puerta… ahí estaban mis dos chicos con un par de regalitos que me habían cogido en la tienda mientras me esperaban y un par de cuentos que le Lucas había encontrado en su paseo con papá.

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