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Viajar con niños, ¿todo un reto?

Viajar con niños, ¿todo un reto?

Viajar siempre ha sido uno de los hobbies en la familia. Todos los veranos íbamos a diferentes ciudades de España a pasar las vacaciones de verano. Por las mañanas bajábamos a la playa y por la tarde aprovechábamos a visitar alguno de los pueblos cercanos. Bueno, hablo en pasado, ¡pero lo seguimos haciendo!

Cuando conocí a mi chico, tuvimos en común esta afición. Y desde entonces, cada año hacemos un viaje a diferentes partes del mundo. Nos flipa viajar, conocer diferentes culturas, investigar sus tradiciones… y poder compartirlo luego con la gente que vaya de visita después.

Chica dando beso a un bebé

Cuando tuvimos a Lucas lo primero que nos decía la gente es “se os ha acabado el chollo”. Porque, está claro, un bebé te cambia la vida. Pero nosotros siempre hemos pensado que te cambia lo que tú dejes que te cambie. Que no tienes por qué renunciar a todo. Es cierto, que también depende de la personalidad del niño. Hay peques mucho más guerreros que no te ponen las cosas tan fáciles. Sin embargo, Lucas es…¡amor puro!

No, no es porque sea su madre. Todo el mundo lo dice. Es un niño súper bueno. Apenas llora, sabe muy bien pedir lo que necesite (a pesar de que tenga 7 meses sólo). Mientras esté con papá o mamá, todo vale. Le encanta investigar y ver gente. Por eso, al poco después de nacer, nos planteamos ¿por qué no intentar meterle en el cuerpo el ritmo viajero desde pequeño?

Y así ha sido. Con 7 meses y medio ya ha estado en Alemania, Polonia y, ahora mismo, en Estados Unidos (sí, estoy escribiendo este post desde el Gran Cañón del Colorado). ¿Quieres saber nuestra experiencia? ¡Sigue leyendo!

En julio de este año se casaban unos amigos en Frankfurt y nos daba mucha pena perdérnoslo. Era un vuelo cortito y sólo pasar el fin de semana. Por lo que vimos la ocasión perfecta para probar a viajar con Lucas. Por suerte, hasta los 6 meses estuve con lactancia exclusiva, por lo que la comida del enano no era un quebradero de cabeza.

Boda campestre

Hicimos las maletas y para Frankfurt que nos fuimos. Cogimos un vuelo de los más tempraneros, creo que salimos a las 7 de la mañana. Así podríamos aprovechar más el día, pero también conseguíamos adaptarnos a sus horarios de comida y sueño. Porque está claro que, viajar viajaremos, pero siguiendo lo máximo posible su ritmo para que no se descentre demasiado.

Mi mayor miedo era el momento despegue y aterrizaje. Los malditos oídos y los cambios de presión. En este viaje Lucas tenía 4 meses, así que no se separaba de su amiga la teti. Había leído en internet que es muy bueno que estén mamando justo en ese momento porque el movimiento de la mandíbula hace que no se note tanto el cambio de presión. Sea cierto o no, unos minutos antes de despegar o aterrizar le pongo siempre al pecho y mano de santo. Tanto que, las dos horas siguientes al despegue va sopa. ¡Pero como un tronco!

¡Primera barrera superada! Vamos a por otra

Otra de los miedos que teníamos, ¿qué hacer con el carro? Nuestro carro no es muy grande, pero para viajar en avión pues no es lo más cómodo del mundo. A mi chico le encanta rastrear por internet y acabamos encontrando un carrito perfecto para la ocasión: la marca Yoyo. Si no lo conocéis, os animo a hacerlo. Que conste que no es publicidad y seguramente cualquiera de las otras marcas que hay de carritos de viaje sean igual o mejores. Pero nuestra experiencia con este es de 10. Siempre que salimos de Madrid, sea coche, avión o tren, nos lo llevamos. No abulta nada. De hecho, en el avión siempre lo llevamos con nosotros en cabina. Personalmente, no me fío mucho de cómo tratan el equipaje en los aeropuertos. Así que algo así, prefiero que no se separe de mí.

Carrito de viaje de bebé

Esta marca tiene opción de cuco y de asiento. Y con los meses que tenía Lucas, el cuco era indispensable. Y oye, que el peque parecía que iba incluso más a gusto que en su propio carrito. Le permitía ir cotilleando todo porque el cuco no está tan cerrado como los normales. Pero, a s vez, está acolchadito, así que menudas siestas se pegaba.

Bebé durmiendo en un cuco

¡Segunda barrera superada!

El caso es que nos fue tan bien ese viaje. Vimos que Lucas disfrutaba un montón viendo cosas nuevas. No paraba de reírse, de sonreír a la gente…que en las vacaciones de verano decidimos arriesgar un poco más y nos fuimos de ruta por Polonia. Visitamos Cracovia, Varsovia y Breslavia. Y he de deciros que si tenéis niños pequeños, este país es una buenísima opción para iniciarles en el turismo porque:

  • Son ciudades pequeñas, por lo que es fácil recorrerlas en un fin de semana tranquilamente y sin que se cansen por tener que hacer grandes caminatas.
  • No hay grandes cuestas, ni terrenos difíciles. Así que si vais con carrito, no tendréis demasiadas dificultades.
  • La comida típica polaca es muy variada, por lo que los peques seguro que encuentran algo nuevo para probar sin tener que pelearse con ellos
  • Hay una empresa de free tours que prepara rutas guiadas de unas dos horas por las principales ciudades. Son en español, majísimos y muy entretenidas. Así los niños pueden conocer la historia de las ciudades y preguntar las dudas que les surjan en el momento al guía.

Niños jugando con pompas de jabón

De todas las ciudades que vimos, os recomiendo Breslavia. ¿Por qué? ¡Porque pueden jugar mientras visitan! Resulta que en sus calles hay más de 300 enanitos de metal escondidos. Y, ¿quién no quiere encontrarlos todos? Os dejo aquí un link para que conozcáis más sobre estos enanos. Pero sólo os digo que nosotros encontramos más de 100. Íbamos con un bebé, que eso de la competición no sabe bien lo que es. Pero sus padres son peores que los niños, así que íbamos fichando todos los rincones y compitiendo a ver quién encontraba más kresnals.

Bebé rodeado de gnomos de metal

De hecho, en la plaza mayor hay una tienda dedicada a estas figuritas y puedes comprar un mapa e ir apuntando los que ves. Nosotros preferimos encontarlos sin saber dónde estaban, pero para los peques puede ser un gran acierto cogerlo porque así van marcando. Para los más digitales, también podéis bajaros la app. ¡Está todo pensado para que el juego sea perfecto!

Ah, y como recompensa, ¡un crêpe inmenso! Cerca de la plaza mayor está la cafetería Nice Cream Factory donde enfrían los batidos, helados y demás con helio líquido. Las tuberías vienen del techo, así que os podéis imaginar el espectáculo.

Crepe de nutella y banana

Así que si